Por: Luis Jesus Morales
La búsqueda de un pequeño sumergible en el vasto y gélido océano que rodea la remota costa canadiense de Terranova es una tarea desafiante. Además, los tripulantes están cerca de agotar el oxígeno, por lo que los equipos de rescate trabajan contrarreloj.
La operación para localizar el submarino comercial desaparecido, con 5 personas a bordo que se dirigían a visitar los restos del Titanic, presenta dificultades especiales. Aunque en las últimas horas «sonidos de golpes» en el área de búsqueda han renovado la esperanza de encontrarlos con vida.
Se estima que a los cinco ocupantes les quedan aproximadamente 40 horas de aire para respirar. El sumergible cuenta con tanques capaces de suministrar oxígeno durante 96 horas, pero ya han pasado 3 días desde su desaparición.
Según informó la Guardia Costera de Estados Unidos, la tripulación de la nave Titán, perteneciente a la empresa OceanGate, perdió contacto con la base después de sumergirse en el mar durante 1 hora y 45 minutos. Alistair Greig, profesor de ingeniería marina del University College London, explica por qué la búsqueda es tan complicada.
«La comunicación bajo el agua siempre es muy difícil. Una vez que se pierde la comunicación, es muy complicado determinar su ubicación. Uno de los grandes problemas en esta operación es que no saben si buscar en la superficie del Atlántico o en el fondo del mar. Podría estar en cualquiera de los dos lugares».
Según el experto, es poco probable que el submarino experimental de OceanGate esté en un punto intermedio. Él cree que está flotando o hundido por completo. Jamie Pringle, investigador de la Keele University, señala que otra dificultad radica en que la nave podría estar moviéndose de manera impredecible en estos momentos.
El sumergible desapareció en el océano, aproximadamente a 1.500 kilómetros de Cape Cod, Massachusetts, a una profundidad de alrededor de 4.000 metros. «Si está en la superficie del océano, será muy difícil detectarlo porque, al ser un sumergible, está diseñado para tener flotabilidad neutra. Es decir, la mayor parte de la nave se encuentra bajo el agua con solo una pequeña cantidad de superficie visible», explica Greig.
El sumergible, fabricado con fibra de carbono y titanio, tiene el tamaño de una furgoneta grande y está pintado de blanco.
«Buscar algo así desde el aire, especialmente si ha perdido energía y no puede enviar señales, será un verdadero desafío», agrega. Otra complicación adicional es que la tripulación no puede salir por sí sola.
La nave no puede abrirse desde el interior; solo puede ser abierta por un equipo especializado desde el exterior. Por lo tanto, en caso hipotético de que la nave haya logrado llegar a la superficie, los pasajeros no podrían salir sin ayuda externa.
«Si está en el fondo del mar, la búsqueda no consistirá tanto en encontrarlos, sino en escucharlos, ya que
se utiliza un sonar para localizarlos y esperar que la tripulación genere algún ruido en el casco, que pueda ser detectado», explica el profesor de ingeniería marina.
El sonido es el medio de comunicación en el océano. Las ballenas y las marsopas lo utilizan, al igual que los humanos.
Todas las formas de radiación electromagnética, como la radio o el radar, son poco útiles bajo el agua.
Sin embargo, el sonido viaja eficientemente, es rápido (1.500 m/s) y puede recorrer largas distancias.
Es por eso que en la operación de rescate se están lanzando sonoboyas al agua para escuchar cualquier sonido inusual.
Si los golpes detectados cada 30 minutos provienen de la nave y son reales, las autoridades pueden utilizarlos para localizar el submarino.
Si se transmiten como un patrón regular, se puede cronometrar la llegada de ese patrón en diferentes sonoboyas para determinar su origen.
El receptor GPS en su teléfono hace algo similar, utilizando señales de radio transmitidas desde diferentes satélites.
Si bien el enfoque basado en el sonido no es tan preciso, sería de gran ayuda para reducir los esfuerzos del vehículo no tripulado operado a distancia.