El exceso de azúcar en la infancia deja secuelas en la salud durante la adultez

El exceso de azúcar en la infancia deja secuelas en la salud durante la adultez

 

a  17 mayo 2025. Lizeth CuahutlE

 

Una creciente cantidad de investigaciones científicas advierte sobre los graves efectos del consumo excesivo de azúcar en la infancia, los cuales pueden perdurar hasta la edad adulta. Un reciente estudio publicado en la revista Science en 2024 demuestra que los niños expuestos a altos niveles de azúcares añadidos tienen mayor probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas como hipertensión y diabetes tipo 2 al llegar a la adultez.

 

Las conclusiones son contundentes: el punto óptimo de consumo de azúcar está muy por debajo de lo que la mayoría de los niños consumen actualmente. “Reducir el azúcar añadido a una edad temprana es poderoso para abordar la salud a largo plazo”, afirma Tadeja Gracner, científica de la Universidad del Sur de California y coautora del estudio.

 

 

El estudio se apoyó en un «experimento natural» ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial en el Reino Unido, cuando el gobierno impuso un estricto racionamiento de azúcar que se mantuvo hasta 1953. Los investigadores analizaron la salud de aproximadamente 60,000 personas nacidas justo antes y después del fin del racionamiento. Los resultados mostraron que quienes crecieron con acceso limitado al azúcar tenían un 35% menos riesgo de diabetes y un 20% menos de hipertensión en la adultez.

 

Esto coincide con la idea de que los primeros años de vida son determinantes para el desarrollo de enfermedades futuras, y que las preferencias alimentarias tempranas influyen a lo largo del tiempo.

 

 

El exceso de azúcar también tiene consecuencias en la salud infantil. Uno de cada cinco niños estadounidenses, incluido el 13% de los menores de cinco años, padece obesidad, en parte debido a una dieta rica en calorías provenientes de azúcares añadidos. Además, enfermedades como la diabetes tipo 2 —considerada tradicionalmente una afección adulta están en aumento entre menores, afectando a casi 50,000 niños.

 

Investigaciones también vinculan el consumo de bebidas azucaradas con mayor resistencia a la insulina, grasa hepática y alteraciones cognitivas como impulsividad y falta de atención. Incluso pequeñas cantidades, si son frecuentes, pueden causar efectos negativos. “Me sorprendió ver diferencias con solo el 10% de calorías provenientes del azúcar”, señaló Kimber Stanhope, bióloga nutricional de la Universidad de California.

 

 

Reducir el consumo de azúcar añadido no es tarea sencilla, especialmente en una sociedad donde este ingrediente abunda en productos dirigidos a los niños. Desde refrescos, cereales y jugos procesados hasta aperitivos aparentemente salados, el azúcar se esconde bajo múltiples nombres como dextrosa, maltosa o jarabe de maíz de alta fructosa.

 

Expertos recomiendan a los padres convertirse en «detectives del azúcar», leyendo etiquetas con atención y fomentando hábitos más saludables como beber agua, evitar jugos industrializados y elegir alimentos integrales. Opciones como avena natural con fruta, en lugar de cereales envasados, pueden reducir considerablemente la ingesta de azúcar.

 

 

 

Al buscar alternativas, algunos padres recurren a edulcorantes artificiales. Sin embargo, estudios recientes advierten que opciones como la sucralosa podrían estar asociadas con inflamación hepática, desequilibrios intestinales e incluso obesidad.

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