La medicina en la Edad Media: entre la fe, los monasterios y las epidemias
A 21 de septiembre de 2025. Lizeth Cuahutle
La salud en la Edad Media estuvo marcada por la mezcla de creencias religiosas y observación empírica, en un periodo atravesado por grandes epidemias como la peste de Justiniano en el siglo VI y la peste negra en el siglo XIV.
En los primeros siglos medievales, los monasterios fueron centros de conocimiento médico. Los monjes benedictinos copiaban y traducían obras de autores clásicos como Galeno y Aristóteles, además de cultivar plantas medicinales en huertos destinados a la botica. La Regla de San Benito estableció el cuidado de los enfermos como un deber cristiano, lo que derivó en la creación de enfermerías y hospitales vinculados a las órdenes religiosas.
Se consideraba que las enfermedades eran castigos divinos o resultado de posesiones demoníacas, por lo que la oración y la penitencia eran parte de los tratamientos. También surgieron creencias populares en torno a santos protectores de distintos males, como Santa Lucía para los problemas de visión o San Roque contra la peste.
Con el tiempo, la medicina se secularizó y aparecieron hospitales de mayor envergadura, como los de Montpellier y los administrados por órdenes caballerescas. En el siglo IX nació la Escuela de Salerno, considerada la primera institución médica laica de Europa, donde se impartían enseñanzas sobre anatomía, cirugía y farmacología, con influencia del conocimiento árabe y judío.
Figuras como Hildegarda de Bingen, pionera en la medicina natural y en temas de alimentación, o Trotula de Salerno, autora de textos sobre ginecología y obstetricia, destacaron en un ámbito dominado por hombres.
A pesar de las limitaciones impuestas por la prohibición de disecciones humanas y la fuerte influencia de la doctrina religiosa, la Edad Media sentó las bases de la medicina europea, que evolucionaría con la llegada del Renacimiento.