Drogas en el mundo antiguo: entre lo divino, lo médico y lo prohibido
a 12 octubre 2025. Lizeth Cuahutle
Desde los templos de Israel hasta los banquetes romanos, las drogas ocuparon un lugar esencial en la vida espiritual, médica y social del mundo antiguo. El uso de sustancias psicoactivas no se veía como un vicio, sino como una vía para alcanzar el éxtasis, aliviar el dolor o comunicarse con lo divino.
El cannabis y el opio fueron los protagonistas de esa relación milenaria. En el templo de Tel Arad, en el desierto del Néguev, arqueólogos hallaron un altar con restos de resina de cannabis de hace 2,700 años, evidencia de su uso ritual para inducir experiencias místicas. En Asia Central, en el cementerio de Jirzankal, también se encontraron braseros con cannabis de alto contenido en THC, utilizados durante funerales hacia el año 500 a.C.
El historiador griego Heródoto documentó prácticas similares entre los escitas, quienes inhalaban vapor de semillas de cáñamo sobre piedras calientes para alcanzar una catarsis colectiva. Estos rituales, descritos como momentos de purificación, buscaban conectar a los participantes con el mundo espiritual.
En Grecia y Roma, el cannabis pasó del ámbito ritual al médico. Dioscórides lo recetaba para disminuir el deseo sexual y Galeno relató cómo en los banquetes romanos se ofrecían pasteles elaborados con cáñamo, que provocaban euforia, risas y, en exceso, indigestión y cefalea. Plinio el Viejo destacó sus propiedades terapéuticas para aliviar la gota o las migrañas, aunque también advirtió sobre sus efectos inhibidores.
Mientras el cannabis se asociaba con la alegría, el opio representaba el sueño y el olvido. Vasijas con forma de amapola halladas en Egipto y el Levante, datadas hacia el 1600 a.C., prueban su uso extendido. En la necrópolis cananea de Tel Yehud se descubrió un recipiente con restos de opio importado desde Chipre, evidencia de una red comercial activa hace más de 3,000 años.
Textos clásicos como La Odisea mencionan una droga capaz de “borrar el dolor y la ira”, posiblemente opio disuelto en vino. Ya en el siglo II a.C., el médico Nicandro de Colofón describió sus peligros, incluyendo letargo, sudor frío y muerte por sobredosis, proponiendo remedios rudimentarios para contrarrestar sus efectos.
En la Edad Media, el médico persa Avicena lo consideró un analgésico de último recurso por su alto riesgo. Sin embargo, en Roma se convirtió en un símbolo de estatus y en un método para morir sin sufrimiento. El emperador Marco Aurelio, aquejado por dolores crónicos, recurrió al opio de manera habitual hasta desarrollar dependencia, un episodio que, según su médico Galeno, fue “la única guerra que perdió”.
El estudio de estas prácticas revela una verdad incómoda y fascinante: las drogas, antes que prohibidas, fueron herramientas para sanar, comprender y trascender. En el mundo antiguo, el cannabis y el opio no eran solo sustancias, sino puentes entre lo humano y lo divino, entre el sufrimiento y la serenidad.