Akhenatón, el faraón que rompió con los dioses y creó la primera religión monoteísta
A 19 octubre 2025. Lizeth Cuahutle
Hace más de 3,500 años, el faraón Akhenatón, junto a su esposa Nefertiti, transformó radicalmente la religión del antiguo Egipto. Hacia el año 1350 a.C., eliminó a más de 2,000 deidades del panteón egipcio y declaró al Sol, en la forma del dios Atón, como única divinidad, dando inicio a lo que hoy conocemos como el Periodo de Amarna.
Hijo del faraón Amenhotep III y de la Gran Esposa Real Tiyi, Akhenatón nació como Amenhotep IV, segundo en la línea sucesoria. Su infancia y juventud transcurrieron en Malqata, la ciudad-palacio de su padre, donde comenzó a gestarse su interés por el dios sol. La muerte prematura de su hermano mayor lo convirtió en heredero, y hacia los 18 años empezó a madurar ideas que lo llevarían a desafiar el poder de los sacerdotes de Amón, la principal divinidad del valle del Nilo.
Al iniciar su reinado, Akhenatón desplazó a Amón y comenzó a promover al dios Atón como principal divinidad. Este cambio no solo afectó la religión, sino también la estructura política del país: los sacerdotes, hasta entonces influyentes en todos los ámbitos, fueron marginados y su poder reducido. Con ello, el faraón se convirtió en el único intermediario entre el pueblo y Atón.
Para consolidar su nueva ideología, Akhenatón fundó una nueva capital, Akhetatón (hoy Tell el-Amarna), planeada para seguir el recorrido diario del Sol. La ciudad albergaba templos abiertos al público, palacios, talleres, barrios y jardines, todos alineados con el ciclo solar. Su arte también se transformó: los retratos de la familia real mostraban cabezas alargadas, ojos rasgados y cuerpos estilizados, un estilo completamente diferente al clásico egipcio.
Akhenatón murió en 1347 a.C., dejando Egipto convulsionado. Tras su fallecimiento, el joven Tutankhatón, hijo del faraón, restauró la antigua religión y los cultos a todos los dioses, especialmente Amón. La capital regresó a Menfis y se abandonó Akhetatón. Incluso el estilo artístico del periodo amarniano desapareció, devolviendo a Egipto al orden religioso y cultural anterior.
Aunque su reinado monoteísta fue breve y controvertido, Akhenatón dejó una huella indeleble en la historia. Fue capaz de romper, en apenas una década, con milenios de tradición religiosa e imponer la primera religión monoteísta conocida, un legado que siglos más tarde inspiraría la aparición de los grandes cultos monoteístas de la humanidad.