El lado oculto de Budapest, la ciudad que conserva rastros ancestrales de Halloween
A 01 noviembre 2025. Lizeth Cuahutle
Aunque Halloween suele asociarse con Irlanda y Estados Unidos, la capital húngara guarda una conexión histórica inesperada con esta festividad. Bajo sus calles modernas permanece la huella de un antiguo asentamiento celta, donde hace más de 2,000 años se realizaban rituales vinculados al Samhain, la celebración celta que dio origen al Halloween contemporáneo.
Cada 31 de octubre, el Museo Aquincum de Budapest revive este pasado con un evento dedicado al Samhain, el único de su tipo en la ciudad. Allí, entre vestigios romanos y figuras históricas reinterpretadas por actores, los visitantes pueden presenciar recreaciones de rituales con fuego, ceremonias guerreras, lectura de inscripciones antiguas y charlas sobre costumbres funerarias celtas.
Aunque los celtas son comúnmente relacionados con Irlanda, Escocia o Gales, también habitaron parte del territorio que hoy pertenece a Hungría. Antes de la llegada del Imperio Romano, fundaron Ak-Ink, el primer asentamiento que luego evolucionó hasta convertirse en Budapest. Sus restos han sido descubiertos en excavaciones como la del cementerio hallado en la isla de Csepel, donde arqueólogos encontraron cuerpos enterrados con joyería, armas y cerámica fina.
El Museo Aquincum ubicado junto a cuatro hectáreas de ruinas romanas conserva evidencias de esta mezcla cultural: monedas celtas, templos romanos y objetos que revelan una sociedad marcada por la magia, las supersticiones y el culto a la muerte.
El festival anual no solo busca atraer turismo, sino también rescatar una herencia casi invisible. La influencia celta en Budapest desapareció con el paso de los siglos, a diferencia de lo ocurrido en Irlanda, donde la identidad celta permaneció arraigada. En Hungría, su cultura fue absorbida primero por los romanos y luego por los pueblos que llegaron posteriormente.
Cada año, entre ruinas, antorchas y narraciones históricas, la ciudad recuerda que Halloween no nació solo de historias de brujas y máscaras, sino de un antiguo ritual que marcaba el final del verano y el inicio de la oscuridad invernal.