La desigualdad alimenta y hace más letales las pandemias

La desigualdad alimenta y hace más letales las pandemias

 

3 de noviembre de 2025. Internacional. Redacción

 

La desigualdad no solo agrava el impacto de las pandemias, sino que también las hace más probables, y más letales y costosas, afirmó este lunes el Programa de la ONU contra el VIH-SIDA (ONUSIDA).

 

En un nuevo informe publicado antes de la reunión del G20, por celebrarse el 22 y 23 de noviembre en Johannesburgo, Sudáfrica, ONUSIDA advirtió que las brechas sociales y económicas están debilitando la capacidad del mundo para enfrentar las crisis de salud.

 

El estudio, elaborado tras dos años de investigación y consultas en distintos países, concluye que las desigualdades dentro y entre los países actúan como un motor de las pandemias, mientras que estas, a su vez, profundizan las brechas sociales, creando un círculo vicioso.

 

El informe alerta de un ciclo desigualdad-pandemia en el que las sociedades más desiguales sufren brotes más graves y respuestas menos eficaces.

 

El caso más visible fue la pandemia de COVID-19, pero el patrón también se observa en crisis como las del VIH, el ébola o la influenza, cita el documento.

 

Según los datos del estudio, los países con mayores niveles de desigualdad registraron tasas de mortalidad mucho más altas por COVID-19 y VIH. En Brasil, por ejemplo, las personas sin educación básica tuvieron varias veces más probabilidades de morir durante la pandemia que quienes completaron la escuela primaria. En Inglaterra, quienes vivían en sitios hacinados presentaron una mortalidad significativamente superior.

 

Además, las desigualdades internacionales aumentan la vulnerabilidad global, alerta la publicación, y explica que mientras los países de renta alta gastaron cuatro veces más que los de renta baja para enfrentar el COVID-19, la falta de recursos en muchas naciones impidió una respuesta eficaz y permitió la propagación del virus.

 

El informe agrega que la distribución desigual de vacunas y tratamientos, favoreció la aparición de variantes resistentes y nuevas infecciones.

 

Desde el inicio del SIDA, la desigualdad de ingresos ha crecido en la mayoría de los países. La pandemia de COVID-19 aceleró esa tendencia: 165 millones de personas cayeron en la pobreza mientras las grandes fortunas aumentaron más de un 25%.

 

ONUSIDA destacó que en la actualidad, más de la mitad de los países de bajos ingresos están en riesgo de crisis de deuda, lo que limita su capacidad para invertir en salud y protección social.

 

“La desigualdad no es inevitable, es una elección política y peligrosa que amenaza la salud de todos”, sostuvo Monica Geingos, una de las autoras del informe, y llamó a los líderes del G20 a actuar al respecto.

 

Por su parte, Michael Marmot, otro de los expertos que elaboraron el estudio, aseveró que si se redujeran las desigualdades en vivienda, trabajo, educación y protección social, “disminuiría el riesgo de pandemias desde su origen”.

 

La directora ejecutiva de ONUSIDA, Winnie Byanyima, aseveró que el informe ofrece una hoja de ruta clara para romper el ciclo: “Reducir las desigualdades dentro y entre países no solo salvará vidas, sino que hará al mundo más justo y seguro”, aseveró.

 

La presentación del estudio coincide con los nuevos brotes de gripe aviar y Mpox a nivel global.

 

En este contexto, el informe aseguró que si no se rompen las raíces de la desigualdad, el mundo seguirá atrapado en un ciclo de pandemias cada vez más devastadoras.

 

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