Ío, la luna más volcánica del sistema solar, revela un misterio de 4,500 millones de años
A 22 noviembre 2025. Lizeth Cuahutle
La sonda Juno de la NASA captó nuevas imágenes de Ío, la luna de Júpiter con la mayor actividad volcánica conocida, y un reciente estudio publicado en Science asegura que este pequeño mundo lleva en erupción desde que nació el sistema solar, hace unos 4,500 millones de años.
Ío no se parece a ninguna otra luna. Su superficie rojiza está cubierta por mares de lava, montañas recién descubiertas en su región polar y gigantescas columnas volcánicas que se elevan kilómetros sobre el terreno. Aunque las naves Voyager y Galileo ya habían retratado esta actividad décadas atrás, gran parte de su historia seguía siendo un enigma.
Hasta ahora, los científicos no sabían si Ío siempre había sido tan explosiva o si este comportamiento era reciente. Para responder a esa pregunta, un equipo de astrónomos analizó la química de su atmósfera, donde constantemente escapan gases producto de las erupciones.
El Chile, los investigadores midieron distintos isótopos de azufre versiones más pesadas o ligeras del mismo elemento para calcular cuánto material ha perdido la luna hacia el espacio. La conclusión fue sorprendente: Ío ya habría expulsado hasta el 99 % de su reserva original de azufre, lo que solo es posible si la actividad volcánica ha sido continua durante miles de millones de años.
La intensa actividad volcánica de Ío se debe a un fenómeno llamado calentamiento por mareas. Ío, Europa y Ganímedes tres lunas de Júpiter orbitan en una resonancia perfecta: por cada órbita de Ganímedes, Europa da dos e Ío cuatro.
Este patrón estira y comprime a Ío de forma constante, deformando su superficie hasta 100 metros cada vez. Esa fricción genera enormes cantidades de calor que derriten el interior de la luna y alimentan erupciones tan poderosas que podrían superar en energía a muchos volcanes terrestres.
Las imágenes recientes de Juno muestran ríos de lava de kilómetros de extensión, plumas de azufre y enormes calderas que revelan la intensidad de este proceso.
Los gases expulsados por Ío no se quedan en su superficie. Parte del material es lanzado al espacio, donde interactúa con la magnetosfera de Júpiter y provoca espectaculares auroras en el planeta gigante, visibles como arcos brillantes en colores intensos.
La historia volcánica de Ío no solo importa por sí misma. Su actividad está estrechamente relacionada con la de su vecina Europa, una luna con un enorme océano bajo su capa de hielo.
Si el calentamiento por mareas ha sido constante durante miles de millones de años en Ío, es posible que el océano de Europa considerado uno de los lugares más prometedores para buscar vida fuera de la Tierra también haya existido desde el origen del sistema solar.
Ío, con su paisaje infernal, no es un lugar donde pueda existir vida. Pero su fuego eterno podría ser la clave para entender otros mundos donde sí podría haberla.