¿Existe una crisis de testosterona baja? 

¿Existe una crisis de testosterona baja?

 

06 de diciembre de 2025. Lizeth Cuahutle

 

Las conversaciones sobre testosterona se han convertido en tendencia en redes sociales: jóvenes de entre 15 y 25 años hablan de dietas, suplementos o “hacks” para elevar sus niveles hormonales, mientras otros incluso recomiendan inyecciones de terapia de reemplazo de testosterona (TRT) como una vía rápida hacia más energía, músculo y confianza. A simple vista, parece una crisis generacional.

 

De acuerdo con diversos estudios, los niveles promedio de testosterona han disminuido en hombres de todas las edades durante las últimas dos décadas. Factores como una vida más sedentaria, el aumento del consumo de alimentos procesados y el estrés crónico contribuyen a este descenso, explica Justin Houman, urólogo del Centro Médico Cedars-Sinai.

 

Sin embargo, eso no significa que exista una epidemia de deficiencia hormonal entre los jóvenes. Para los menores de 30 años, la verdadera baja de testosterona podría ser de apenas entre 10% y 15% de los casos.

 

Desde los años cincuenta, la TRT se reserva principalmente para condiciones médicas específicas: hombres con cáncer testicular, hipogonadismo congénito o deficiencias probadas por laboratorio. Cuando la testosterona cae por debajo de los 300 ng/dL, la Asociación Americana de Urología señala que pueden aparecer riesgos para la salud cardiovascular, mental y ósea.

 

Los especialistas recomiendan llevar los niveles a un rango fisiológico medio entre 450 y 600 ng/dL para recuperar energía, estado de ánimo y función sexual sin sobrepasar lo que el cuerpo produciría naturalmente.

 

El consumo masivo de contenido sobre “maximización hormonal” ha provocado que muchos jóvenes busquen TRT sin tener deficiencia real. Clínicas de telesalud reciben llamadas de hombres de 22 años que aseguran sentirse fatigados y piden una prescripción inmediata.

 

Las cifras respaldan esta preocupación: en la última década, las recetas de TRT se han triplicado, y hasta una cuarta parte de los pacientes ni siquiera se realizan pruebas antes de recibirla.

 

“Cuando alguien sin deficiencia médica usa testosterona para elevar los niveles más allá de lo normal, ya no es terapia de reemplazo: es uso de esteroides anabólicos”, explica Greg Novacheck, especialista en salud masculina.

 

En estos casos, los niveles pueden exceder los 1200 o incluso 1500 ng/dL, muy por encima de lo saludable.

 

El problema más grave es que la testosterona externa puede frenar la producción natural del cuerpo. Un joven que inicia TRT por cansancio puede sentir mejoras inmediatas, pero sin cambios en su estilo de vida, dependerá cada vez más del medicamento.

 

Además, la TRT reduce el conteo de espermatozoides a cero mientras se usa, lo que puede afectar temporalmente la fertilidad.

 

“Es reversible en la mayoría de los casos, pero el proceso puede tardar meses”, advierte Houman.

 

Fatiga persistente, bajo deseo sexual, cambios de humor o falta de motivación sí pueden ser señales de alerta, pero también son síntomas comunes de problemas de salud mental, estrés o malos hábitos de sueño.

 

En la mayoría de los menores de 30 años, la solución más efectiva no es la TRT, sino mejorar la alimentación, el ejercicio, el descanso y la gestión del estrés.

 

Para los casos donde sí existe deficiencia comprobada, existen alternativas a las inyecciones tradicionales, como Clomid y HCG, que ayudan a estimular la producción natural de testosterona sin suprimirla.

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