¡De puta madre! Sendas de felicidad ✍️Alberto Aguilar.

¡De puta madre!

 

Sendas de felicidad

 

✍️Alberto Aguilar.

 

La gente del pueblo anda embufandada por los fríos hoscos y secos y húmedos de diciembre; embutida por la mucha comida que degusta aquí y allá en reuniones sin término; empanzonada pues el pulque es el pulmón real de México y la cerveza su hermana y media; de rojo mirar por las desveladas con abundante licor de por medio; hinchada la cartera por el adelanto del aguinaldo, furtivo, siempre, pero alentador cuando se tuvo en los dedos de la mano.

Son fiestas decembrinas. Gente de mucho pueblo o ufana ciudad se vuelve una sola, se distingue por el inflado cuerpo que van adquiriendo pues responsabilidad irrestricta —de quien se precie ser respetable adulto—, es no saber decir no a las viandas que se tornan borracheras con alegres carcajadas; no importando la edad, se advierte un dulce mirar al sostener en lo acuoso de las cuencas el brillo de la fe, de la paz, de la esperanza, del perdón, incluso, por haber nacido.

Es Navidad. Las series lumínicas influyen, reiteran, agrandan, persisten, porfían en recodarte que eres ser de luz y no de tinieblas. Hay en el alma de los terrenales hombres, muy adentro, la instalación de la epifanía, imborrable en todos los tiempos nuestros: queda manifestado y revelado que Jesús es el Hijo de Dios en el mundo entero.

La gente del pueblo invita aguinaldos y está desprovista de cualquier arrogancia naciente. En pañuelos o bolsas de plástico o de tela con adornos navideños —la orilla de la playera en la parte frontal debidamente levantada, curva, que sirve de sostén—, cada cual va juntando lo que sale de las piñatas rotas en el aire o ha sido entregado, con sonrisa franca, por generosas manos: cacahuates, mandarinas, cañas, galletas de animalito, tejocotes, jícamas.

Niños y viejos, jóvenes y adultos no resisten el deleite, es un gustazo que la industria de lo dulce y lo salado esté reunido, gratis, para ellos: Pap’s a la francesa, Bubulubu, alegrías, pistaches, Mazapán de la Rosa, Mazapán Sevillano (hecho en Santa Ana Chiautempan), Pulparindo, pepitas de girasol, Totis, Duvalín, paleta de elote picoso, Doritos, Papas Las Auténticas hechas en Tecomalucan, Tlaxco, Pelón Pelo Rico, Lucas Muecas, Tutsi Pop, Tutsi Hot, Paleta Payaso… El aguinaldo va y viene, entra a una casa y sale para entrar a otra, a otra, a otra; se reparte de boca en boca, es así porque el gozo de compartir no tiene término hasta que de verdad se acaba.

–Órale niño Beto, ponte abusado si no ya no te toca ponche.

–Ponte ponte, ni que fuera qué.

–Relaja la raja, es diciembre. Nunca falta el “Grinch” en estas fiestas. Deja de hacerle el filólogo. Es tu oportunidad para ser feliz.

–¿Ah sí? Dime de paso la clave para serlo.

–Sencillo, nadie en este mundo puede ser feliz sin fe.

–A ver, Su Eminencia León XIV, ilústreme al respecto.

–En estas fiestas decembrinas, y en cualquier época del año, en el existir total, nadie puede ser feliz sin fe, si no sería Liz.

–Muy gracioso, muy gaseoso. Mejor sírveme un ponche con piquete del preciso, de Presidente, pues, que el tejido celular de mi hígado no se va a joder solo.

En Navidad las familias se reúnen para renovar la fe en el porvenir. Constatan también el paso generacional, su lugar específico en el tiempo y espacio que les corresponde. Paz y perdón son dos vocablos que invitan a desanudar lo que atorado está en la garganta, lo que envejece por los desaseos en el almario.

 

 

 

 

 

Pincel de luz, usa cookies estrictamente necesarias, así como otras tecnologías similares, para poner en funcionamiento este sitio web y brindarle una mejor experiencia de usuario. Aceptar Leer más