De puta madre
Beatriz Paredes Rangel: La presencia de la ausencia
Alberto Aguilar.
I
Primero entró al Teatro Universitario de la UATx una montaña con fino aire morado y azul. Se instaló en el escenario, en la parte central, al fondo; de ella, se veía apenas un trazo, un esbozo, acaso un boceto que definía bastante la presencia monumental de la Matlalcueye o Matlalcuéyetl o Malinche. A los costados de ese volcán inactivo, dos pendones con aire morado y azul e igual agrupación de vocales y consonantes: El valor de las palabras. La fuerza de los hechos. Beatriz Paredes. Colección Gobernadores. Tlaxcala.
Después entró al Teatro Universitario de la UATx una mujer ancha de amplia sonrisa amarfilada. Se instaló a mitad del escenario, en la parte central; de ella, se veía la completa plenitud de la existencia, cubierta de verde olivo y girasoles, —seguramente, pintados a mano—, y cinta bordada que adornaban la túnica, además de un hermoso reboso color oro, sedoso, sedado, de seda, ropaje muy de acuerdo al estilo monumental de la Betucha o Bety o Beatriz Elena Paredes Rangel. A los costados de esa política ecuménica hiperactiva, exgobernadora de Tlaxcala, dos personajes, políticos mexicanos y académicos con grado de doctor, igual de prudentes y precisos, con escrito en mano, uno Rector de la UATx y la otra exgobernadora de Yucatán, reunidos con el fin de presentar un libro específico: El valor de las palabras. La fuerza de los hechos. Beatriz Paredes. Colección Gobernadores. Tlaxcala.
Horas antes de lo dicho en los dos párrafos de arriba, arribaron arriba y abajo del escenario del Teatro Universitario de la UATx empleados de distintas áreas de cultura, universitaria y del gobierno tlaxcalterco, para acordar logística, luces, música, distribución de butacas reservadas, acordonamiento de filas para invitados especiales, camerino para la escritora, correcciones al guion técnico, limpieza del teatro. Capacidad total, poquito más de quinientas personas.
Pocos días antes de la presentación del libro de la tlaxcalteca Beatriz Paredes Rangel, política universal que no logra estarse quieta, distribuyeron las invitaciones impresas con una única imagen principal en blanco y negro: el rostro de la autora del libro, figura que sirve de portada del mismo.
¿Qué transmite esa faz? La reciedumbre en el arranque apenas de la existencia; la mirada que toma de lontananza las decisiones venideras con el venial presente; la furia indómita con piel de muchacha; la mujer que está en su ternura y en momentos desesperados echa para atrás su cabello crespo, endiablado; la soñadora de ojos inmensos que intentaba doblegar con su poder óptico el acero del machismo pendenciero; la voz barítona con comisuras agrandadas por el esfuerzo de enfatizar los vocablos ciertos; la de hermoso mentón partido cuya partitura argumentativa naciente partía, altiva, cualquier discusión de otros partidos políticos o cualquier inseguridad a la hora de la oratoria no sin eléctricos ademanes insurgentes.
Es lunes veintinueve de junio de dos mil veintiséis y Tlaxcala la loca, la violenta, la logorreica, la acomodadiza, anda de virulenta porque la exgobernadora Paredes regresa a su tierra natal a presentar lo que anunció como Autobiografía de la Gobernadora. La cita es en el Teatro Universitario de la UATx a las dieciséis con treinta minutos. Obvio, los invitados llegaron antes de las cuatro de la tarde y otros, muy a su pesar, después de las cinco. Resultado, hubo gente en pie que soportó estar sobre sus propios talones durante casi dos horas, todo con tal de ser testigo de todo lo sucedido en el teatro. “Se informa a los asistentes que a fin de que no estén parados pueden acudir al auditorio anexo a rectoría donde se hará la transmisión en vivo de este evento”. Pocos renunciaron al convite viperino, al regalo visual que ofrece esa gente que se considera animal politicum, zoon politikon, homo faber, homo universitatis.
El calor humano provocado por la presencia espesa de esas multitudes, adoradoras de la Diva Beatriz, hacía que su humanidad adulta y vejete empezara el curso natural de la asfixia. Ya emprendían la acción repetida y manual de provocarse mínimo aire con los abanicos que llevaban, ya se aflojaban las corbatas caras y de moda propia de la década de los ochenta y noventa, ya aflojaban las carnes y empezaban juiciosamente a desvanecer el cuerpo en el espacio igualitario de la butaca, ya se hartaban de pasar lista con la mirada y optaban por contemplarse las manos con seria mirada dermatóloga, cosmiatra. Sucumbían también al vicio diario de tentonear el celular para ver qué ofrece el incesante internet.
Fotorreporteros, creadores de contenido, articulistas de la vieja guardia, periodistas boletineros, acérrimos críticos del sistema, empresarios del periodismo digital, jefes de comunicación social y cronistas de distintos municipios de Tlaxcala afilaban ojo y oído para tener qué contar respecto de tan importante reunión política. Se sabe que el pretexto es la cultura. Sí iban a enterarse del contenido del libro escrito por la paisana Paredes, pero más les ganaba el morbo, saber por propia mirada qué resultaría de ese pase de lista político, de la admiración genuina calificada groseramente como el “besamanos”.
El equipo personal y de mucha confianza de la exembajadora Paredes iba y venía al interior del teatro. Entre saludos cordiales y cortos, revisión del guion de esa tarde, identificación de quiénes habían llegado y el asombro por el notorio lleno total, entraban y salían en la parte trasera del escenario para informar a su jefa BPR de lo sucedido. Sólo pocas personas ungidas por la venia de la Paredes eran escoltadas para ir a ofrecer su saludo personal en el camerino de la exsenadora tlaxcalteca. Un espión informaría después que en el foro del teatro había servicio de café, pequeños aperitivos y multitud de asistentes de las grandes personalidades de la vida política de Tlaxcala.
Un grupo de jazz de la Secretaría de Extensión Universitaria de la UATx lucía sus talentos y, con respeto hacia ellos, el público bajaba la voz, se levantaba y sentaba, se sentaba y levantaba, se negaba a ceder su lugar, pues ese rigor de los asientos apartados para invitados especiales ya había sucumbido al desorden: todos los asistentes lucían en el pecho la distinción incuestionable de tener una historia personal con BPR.
“En la batería nos acompaña en maestro Leonardo Celis; en el piano el maestro Mario Mora; en la dirección y en el bajo eléctrico Pedro Moran. Gracias, gracias. Vamos a iniciar con la suite de Claude Bolling a la francesa”.
Terminada la intervención musical, el público asistente tenía ninguna duda de que por fin verían muy de cerca de la exdiputada Paredes.
“Bienvenidos al Teatro Universitario. Este recinto abre sus puertas y les recibe a nombre de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Solicitamos su atención a las siguientes instrucciones de seguridad. En caso de contingencia, este recinto cuenta con cuatro salidas de emergencia ubicadas en el costado derecho, las cuales, están listas para ser accionadas si así se requiere. Dichas puertas están destinadas para ser utilizadas por el público que ocupa un lugar en la parte central del recinto. Para los presentes, ubicados en la grada general superior de este Teatro Universitario está destinada como salida de emergencia el acceso principal, siendo el mismo caso para el público que ocupa la grada elevada ubicada en el costado izquierdo del auditorio. En caso de evacuación, conserve la calma. No corra. Y siga las instrucciones del personal de las Brigadas de Protección Civil, el cual está capacitado para ayudarle en todo momento. Muchas gracias y bienvenidos. Universidad Autónoma de Tlaxcala”.
De pronto se empezaron a escuchar dispersos aplausos, y, en segundos, el reconocimiento convencido del gentío aplaudía contundente: BPR se presentó sola en el escenario, erguida y sonriente, con un elegante y enjuto bastón que le sirve más de acompañante que de sostén. Su redonda figura, ese reiterado diálogo circular que a diario desayuna en su mente, su robusta inteligencia y gesticulación flotante afianzaban eso mismo: es tierra fértil y madre política de los tlaxcaltecas; es matrona de las elecciones en su estado natal aunque ante la prensa le salga decir lo contrario; es la heroína de un Partido Revolucionario Institucional (PRI) que luce pero en los registros históricos del siglo pasado; es, como toda madre política, insisto, la figura de apego principal porque ha proveído por muchos años muchos a sus hijos políticos con reconocimiento directo vía responsabilidades de oficina y de representación popular; madre odiada, ni modo, cuando ella cree conveniente —en su inmenso instinto—, negar las exigencias o expectativas de sus críos.
Beatriz Paredes Rangel, toda vez que sintió el revestimiento dopamínico de los aplausos apremió el inicio de la presentación de su libro, señalado por ella misma como Autobiografía de la Gobernadora, así, en categórico presente.
En instantes, la licenciada Paredes tenía a sus costados a los presentadores de su libro y a una audaz y concentrada moderadora que, más tarde, en voz de la autora, confesó que la conocía más como “Raulita”.
Empezó entonces el obligado nombramiento de las personalidades de la vida política de Tlaxcala, con un señalamiento límpido: otorgar el aplauso general al final de las menciones. Pues no. A la primera alusión ahí están las estúpidas manos aplaudiendo disparatadas. “Ora cómo ves, de veras que no sabemos escuchar”. “Déjalos, en esta provincia se han creído eso de que el pueblo no se equivoca”.
Es el ahora doctor José Guadalupe García —antes descansero de la XETT Radio Tlaxcala (1430 AM), y después maestro de ceremonias de BPR y después servidor sin descanso del otro doctor Héctor Israel Ortiz Ortiz—, quien conduce parte del programa y hace una invitación: “Les solicitamos atentamente guardemos un minuto de silencio en honor de las y los colaboradores y representantes sociales, que participaron en el periodo 1987-1992, y que fallecieron en el curso de estos años. Agradeceremos mucho la presencia de los familiares de estas personas. Si son tan gentiles, vamos a ponernos de pie y guardar un minuto de silencio”.
Ese minuto de silencio reveló a todos algo. Después del los ánimos festivos por ver en persona a BPR, el espíritu quedó sosegado. Se le concedió el acceso al espacio sagrado. La función cerebral de cada asistente empezó recuperar exploración del pasado, con inclinación a los tiempos gloriosos del PRI en los que nadie presagiaba su fenecimiento. Vieron a los compañeros de partido y de sector que abonaron a la gloria de BPR, y a la grandeza de su patria, y han muerto. ¡Vieron también su propio ataúd político! Un tirón en donde la espalda pierde su honesto nombre los desconcertó. Otros, sintieron un toque eléctrico donde el almacenamiento de esperma. Otros un pinchazo de realidad al descubrir que no tienen madre o madrina que los proteja políticamente a como lo hizo BPR. Especialmente los servidores de Beatriz recordaron a compañeros trogloditas y a la muy alta y fina costura política aprendida de los grandes tlaxcaltecas. Sintieron en el pecho los momentos aquellos en que levantaron, yerto, el brazo derecho, para recibir de BPR uno y otro y otro nombramiento. Se sintieron enfermos, ya no de poder, peccata minuta, sino de las humillaciones reales que su cuerpo hace sobre ellos. Encarnaron la orfandad más cruel y miraron de fijo, suplicantes, a su recia madre, Beatriz, pidiendo llorosos ruta salvífica y fe en el porvenir. También hubo miradas de reproche por el amor abstruso de su madre Beatriz, suma de iniquidades. Los recuerdos se volvieron cenizas y ya empezaban a ennegrecer el ambiente del teatro. El olor era fétido y apenas avanzaba cronos en el segundo cuarenta y uno, ese minuto de silencio pedido achicó a todos y todavía no se hacía comentario alguno del manuscrito autobiográfico.
“Y, ¿cómo le hace, señor cronista, para tener el poder de la interpretación humana, masiva, a partir del silencio?”. Ah, porque soy mentalista, alquimista, prestamista, vestuarista, voyerista y para esta ocasión pepsicólogo político. Ist das klar?
II
Me regreso sobre mis propios párrafos. Presentación del libro El valor de las palabras. La fuerza de los hechos. Beatriz Paredes. Colección Gobernadores. La moderadora Elsa Romero inicia con el lucimiento curricular de cada uno de los presentadores de esa tarde. Se nota que pulieron y lograron esplendor los tres comentaristas con los datos que proporcionaron, cada referencia compartida es de orgullo académico, de reconocimiento popular con alcances internacionales. Indebatible.
BPR empieza a hacer pase de lista con la mirada. Haga usted de cuenta que su campo de visión y estabilización óptica alcanza o supera el formato 8×42 de los mejores prismáticos de hoy. Su rostro, vuelto involuntariamente marioneta, empieza a hacer articulaciones lindas, risibles. Levanta las cejas y sonríe. Frunce el ceño y da paso a otra abierta sonrisa. Endurece músculos faciales como si en ese momento tuviera que decidir una partida presupuestal. Sonrisa y rictus adusto en el trazo de los labios. Comentario fragmentado y locuaz con el que tiene al lado y otra vez la ferocidad en el rostro. Articulación de ventriloquía ha sido el verdadero ejercicio de su vida.
Inicia la lectura curricular para saber la talla del primer comentarista. Doctor y Rector Serafín Ortiz Ortiz.
“Su trayectoria académica, su liderazgo universitario y sus aportaciones al derecho y la educación superior lo distinguen como una de las figuras más relevantes de la vida académica contemporánea de México”.
BPR voltea a su costado izquierdo, ora al derecho. Ya llega una ayudante. Le da instrucciones y enfatiza no sabemos qué cercano a su oído. Se va. Pocos minutos después vuelve la comezón. Ahora estira su brazo rollizo y endurece su dedo flamígero del lado izquierdo del escenario. Llega otro asistente particular. La atiende. Se va. Sigue la lectura curricular. Toma una tarjeta y hace anotaciones sin mirar el papel. Revisa la grada general elevada que tiene del lado derecho. Entrega la tarjeta a un tercer asistente particular que mandó traer con la mirada.
“Quiero hacer notoria la trascendencia de doña Beatriz Paredes en la fundación de nuestra universidad. Siendo diputada, muy joven, formó parte de la Comisión, de la Legislatura en turno, para que tuviera origen un veinte de noviembre de mil novecientos setenta y seis la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Muchas gracias, distinguida maestra”.
BPR se quita el reboso. Corresponde, afable, con la mirada, a las palabras del Rector, y, a la vez, camaleónicamente, escupe con esa misma mirada al asistente que se le acerca y parece no entender nada. Es decir, los trae hechos unos tontos. No se puede con esa jefa, no se puede de otro modo, porque las “miradas de pistola” de doña Bety son propias de las abuelas y madres de la Revolución Mexicana para acá. Son letales y muy dañinas en la memoria de cualquier hijo, en la seguridad propia de cualquier subalterno y motivo de trauma y torpeza para cualquier asistente particular.
Inicia la lectura curricular para saber la talla de la segunda comentarista. Dra. Dulce María Sauri Riancho, exgobernadora de Yucatán.
“Doctora en Historia. Cuenta con una amplia trayectoria en la vida política, legislativa y académica de México. Ha sido diputada federal en tres ocasiones y senadora de la República en dos periodos. Fue la primera mujer en gobernar el estado de Yucatán. Conferencista. Autora de varias publicaciones. Editorialista”.
Es pesada la concentración de BPR y por años han sido públicas sus muecas de autoridad. Tiempo ha que no está para filtros y sobrada es para la fila de asistentes particulares y muy particulares que le han auxiliado durante toda su vida. Ahora es casi obligada la ayuda que necesita y notorio el cansancio físico de sus incondicionales.
“Yucatán y Tlaxcala comparten una historia antigua y profunda. Como aliados de los españoles, guerreros tlaxcaltecas y sus familias llegaron a tierras mayas hace casi cinco siglos. Se establecieron en el Barrio de San Cristóbal, en Mérida, donde aquellos indios hidalgos conservaron privilegios singulares, entre ellos el derecho a portar armas y la extensión de ciertos tributos. Su presencia dejó huellas perdurables en nuestra cultura. El espelón llegó del altiplano tlaxcalteca a la cocina yucateca. Palabras, sabores y tradiciones se enlazaron hasta ser parte de una identidad compartida. Muchos siglos después, Tlaxcala y Yucatán volverían a encontrarse a través de la experiencia política de las mujeres”.
Otro asistente particular se acerca al lado de su jefa BPR. Se agacha para escuchar mejor las instrucciones. Se va y regresa con el libro que esa tarde es presentado. Se va. BPR revisa su celular, hace anotaciones en él. Jala de las greñas, con la mirada, a otro asistente que también le sirve en la oficina. Le entrega las indicaciones que registró en su teléfono móvil.
Inicia la lectura curricular para saber la talla del tercer comentarista. Lic. Eligio Chamorro Vázquez, líder de la CTM.
“Es originario de San Pablo Apetatitlán. Ha destacado por su liderazgo sindical, la defensa de los derechos laborales y la promoción del diálogo entre trabajadores y autoridades. Ha sido diputado local en dos legislaturas del estado. Regidor y consejero político. Es reconocido como uno de los principales representantes del sindicalismo en Tlaxcala”.
BPR tiene un radar en la cabeza. No logra estarse quieta. Con sus brazos fornidos eleva la mano para hacer llegar a ella al asistente más atento y renovar con él las indicaciones. Se retira. Abre su portafolios de piel para guardar el escrito de Sauri. Después vuelve al portafolios para confirmar que sí contiene su propio manuscrito. Toma agua. Le hace un guiño cariñoso a manera de tic nervioso y coqueto a su anfitrión Serafín. Aplaude. Atrae con puño cerrado a un asistente del teatro. Le pregunta acerca del micrófono que le pusieron en el pecho. Del portafolios de piel saca una carpeta ejecutiva, de piel. Se predispone para el lucimiento próximo. Vuelve al celular. Señala órdenes para el que logra captarle la urgencia. Ya la han atendido seis. “Se presentó un conflicto social. La gobernadora Paredes me encomendó la responsabilidad de actuar como mediador. Recuerdo que me hizo una pregunta tan simple como enfática: “¡Puede o no puede, señor diputado!” Mi respuesta, por supuesto, fue ¡sí puedo!
BPR por fin llegó al pódium. Y sin querer, no dejó de mandar. “Siempre se me olvida que ya uso lentes. Pásenme mis lentes que dejé en el portafolio. Están ahí, en su estuche”.
Beatriz Paredes Rangel se ha adelantado a los títulos que constan en papel o en actas y ha dejado desplegar sus talentos desde muy pronto. Así, en el oficio de vivir la han ido reconociendo como jefa, licenciada, doña, líder, política, estadista, jurista, escritora, conferencista, cantante, poeta y maestra. Con este vitral de talentos, es entendible que al hablar ante su querido público tlaxcalteca le resulte multidisciplinar la emisión de sus ideas y sus ideales. De su realidad y su utopía. De la que es y la que quiso ser.
Aleccionó acerca de la literatura política; ponderó las historias regionales, las que reivindican al federalismo, “tejido abigarrado y lleno de colorido que es la patria como si fuese un sarape de Contla o de Santa Ana”; justificó los contenidos de su libro con la conciencia de que intentó ser una política profesional; agradeció haber nacido en esta época y en México, en Tlaxcala; valoró ver la vida con ojos de mujer; se reconoció hija de la cultura sincrética, sin límites, infinita, “recorre mi alma la dualidad de la Malinche, la avidez de conocimiento de Sor Juana, la angustia de Rosario Castellanos, la soledad de Alfonsina, la fuerza de Tania”; admitió las enseñanzas de Emilio Sánchez Piedras, del doctor Álvaro Salazar y del maestro Mena; agradeció a su gabinete correspondiente a los años 1987-1992; valoró el espíritu crítico de la prensa; agradeció enteramente al pueblo de Tlaxcala.
Lo que siguió fueron los aplausos imperativos, dedicados a los que hicieron uso de la voz, la decisión unánime de ponerse en pie para aplaudir a la autora del libro, más instrucciones de BPR a sus asistentes particulares y la urgencia colectiva de llegar al vestíbulo del Teatro Universitario para recibir un ejemplar gratuito, con dedicatoria sentida de la muy tlaxcalteca Beatriz Paredes Rangel.
III
El vestíbulo del Teatro Universitario de la UATx fue más que insuficiente. La maestra Paredes hubo de salir por la parte trasera del teatro para entrar por la puerta principal. La multitud que le es devota ya la esperaba. Simplemente querían todo de ella. Empezaron por no respetar el espacio ajeno. Empujones suaves y groseros. Sonrisas nerviosas. Otra vez el mismo calor humano, el mismo sudor ahora sí de animal político entre ellos. El vestíbulo recibió la expulsión de la grada general superior y la grada elevada; en el inicio de las escaleras de esta segunda colocaron la mesa para que la autora ahí dedicara su libro. La líder Paredes Rangel tomó del aire viciado que ahí se respiraba y puso orden, como lo hace toda madre que no le ve rumbo a ninguno de sus hijos. O que de todos sus hijos no hace uno. Fue ella, la matriarca BPR, quien con eje tonal masculino invitó al orden y a la prudencia. Ya informaría la Secretaría de Cultura de Tlaxcala dónde poder ir por el libro, seguramente gratuito. Ya informaría.
Varados en un costado u otro del vestíbulo, el reconocimiento entre el público fue grato y gratísimo: las amistades añejas se reencontraban, intercambiaban números de celular, se hacían una foto, contemplaban en el rostro ajeno el tiempo ganado, el tiempo perdido.
–Yo soy Serafinista. Fue el Rector el mejor comentarista del libro. Dio cátedra de teoría política y apuntaló el libro de la maestra Beatriz hacia cosmogonías infinitas, y aquí en confianza, francamente indescifrables.
–Eres cierto. Yo aplaudí pero no le entendí mucho. Será que voy apenas en octavo semestre de Derecho.
–Dulce María Sauri se ve que es amiga amiga de la Bety. Hermanas de la política, yo diría. Y qué bien que mandó a volar al PRI, y a su líder, por ambicioso e incongruente. Es todo un mafioso y lo tratan como si fuera un niño, “Alito”, “Alito”.
–Ay mamá, entiendo que la licenciada Paredes haya sido tu jefa, y que la adores, lo entiendo. Pero es igual de mandona que tú. Francamente me da miedo. Y algo me dice que miente.
–Hoy en la mañana en un periódico digital vi la conferencia de prensa de Beatriz. La verdad se veía muy contenta y en confianza con los reporteros. Aquí respondía y aquí se iba sacando la comida atorada entre los dientes. Bajaba y subía el palillo, y jode y jode con su limpieza. Qué asco.
–Pues estaba en confianza la señora. No seas espantada. Ya no lo conociste, pero el exgobernador Tulio Hernández se sonaba la nariz con su pañuelo rojo delante de todos. Y sí, daba asco.
–Qué tal que Alfonso Sánchez García llegó tarde y quiso sentarse muy al extremo de una fila. Le tocó junto al escultor Samuel Ahuactzin. Le voy a preguntar al artista de qué platicaron.
–Ese Sánchez García me cae bien. No sé si llegue a gobernador de Tlaxcala o no. Lo que le admiro es la obediencia total a su padre. Eso es un valor. Así tú me debieras obedecer en todo, te guste o no.
–¡Zafo!
-Por fin conocí en persona a la exgobernadora. Es una figura a nivel nacional. Impone. Yo creo que cuando ella fue estudiante no la soportaron mucho sus compañeros. Seguro les resultó insoportable.
-Cuando gobernó, vi cómo lograba hablar y escribir al mismo tiempo. A ver, inténtalo.
-Beatriz, como Juan Gabriel, está gozando de su trascendencia en vida. Se le nota. Ahora que cuide muy bien su salud. Ya ves lo que dijo hoy en la mañana ante los reporteros.
-¡Ah, sí! Qué le diría la Beatriz de ahora a la Beatriz gobernadora: “No dejes de hacer ejercicio pinche Beatriz porque vas a engordar”. Es chida.
-De Tulio Hernández leí el libro de Alejandro Ipatzi. Me gustó más que el otro de Virginia Polvo Escobar. Ambos forman parte de la Colección Gobernadores.
-Ahorita que está la raza, vamos a gritar ¡Beatriz Paredes, Rectora! ¡Beatriz Paredes, Rectora! Y así nos adelantamos al Consejo Universitario. Estamos viviendo la multipluralidad. Qué dices…
-Estás pero si bien orate, me cai. Esto de la interpretación política es de orfebrería, de ebanistería, no de gritos nada más porque sí.
-Beatriz Paredes mencionó la presencia de los dirigentes del PRI, Movimiento Ciudadano y PAC. Toma nota.
-Mi maestro, qué le pareció la sencillez de la profe Beatriz. Agradeció al pueblo tlaxcalteca y hasta ofreció disculpas por si hubo ofensas o malos entendidos durante su mandato.
-Gracias es una palabra que tiene equivalente en todas las lenguas. Tiene rica gama de significados. Eso por un lado. Por el otro, ofrecer disculpas es lo menos. Tengo en mi memoria aquella vez que la manita de la Paredes sirvió para dar una buena bofetada a su subalterno. Lo dejó más tonto de lo que ya era. Pobre.
– Imaginé que el minuto de silencio solicitado era por los dos mil trescientos muertos en Venezuela, qué terrible ese doble terremoto.
-Y usted, cronista tlaxcalterco, qué puede compartir de todo esto.
-Lo dije entonces, lo reitero ahora, el pretexto es la cultura.
-Y sí, pero yo opto por comprar ese paquete de libros que trajeron, vale cuatrocientos pesos. Es una ganga. Son buenos títulos: “Cabeza descubierta”, “Acaso, la palabra” y “Hablemos de la niña”.
-Yo creo que ya desde el título, “El valor de las palabras La fuerza de los hechos”, se anuncia la dualidad más contundente de la maestra Beatriz Paredes, el amor a la palabra y a la práctica política.
-Mi tía Cecy tiene en su casa una foto grande del gabinete de la licenciada Paredes. Formó parte de su equipo. Se tienen mucho respeto y cariño.
-Sólo cuestionaría algo a la maestra Beatriz. Dice que dejemos de banalizar y suponer que la política es una carrera donde pondera la corrupción y el fácil enriquecimiento. Lo admito como linda utopía pero no como afirmación en nuestro estado de Tlaxcala y menos como reflejo de nuestros tiempos.
-Tú sí estás grueso.