Voz #229
Se acabó el dolor. Claro, sólo el dolor físico, pero faltaba todo el dolor de mi familia; ver a mi madre llorar cada noche y sin comer; faltaba ver a mi hermana sufriendo y sin dormir, llorar junto con mi madre; y faltaba afrontar el dolor que mi papá se tragaría internamente para verse fuerte.
Cuando pude despertar después del infierno supe que ya nada volvería a ser como antes. Ropa destrozada, cuerpo ensangrentado, moretones por todas partes, los ojos abiertos de par en par, pero inmóviles y vacíos; creo que me faltan algunos dedos; por fortuna — parece estúpido decir fortuna en casos como este, pero para alivio mío y las futuras investigaciones lo será o eso quiero creer— aún quedó en mi muñeca la pulsera de mi último cumpleaños veintitrés, esa que mi madre me mandó a hacer con un corazón grabado.
Siento aún la violencia sobre mí, la veo en mi cuerpo tirado en medio de aquel terreno. La veo en mi cuerpo ultrajado; veo como desmembraron mi vagina, lo veo y una histeria recorre mi ser, quisiera gritar, matar, llorar; quisiera regresar el tiempo para evitar haber salido de casa ese día. La verdad no sé cuántos días han pasado desde que no volvía a ver la luz, no sé cuántos días llevan buscándome, no sé cuánto tiempo mi cuerpo está tirado en este terreno. Nadie pasa y nadie se da cuenta, creo que escogió el lugar perfecto para que no me encontraran. Pero saben, no me parecería extraño que nunca me encuentren, que me integre a la tierra y que este lugar se convierta en mi tumba; tal vez mi asesino regrese a ver mi cuerpo, a apreciarlo como un trofeo, como un logro. Como su logro.
Ya pasé más de media hora viéndome ultrajada sobre el piso, creo que pude ver mi realidad y asimilar mi situación, sin embargo, intento avanzar pero algo me retiene a este lugar, no es mi cuerpo; sin duda no es mi cuerpo el que me retiene; es la violencia con la que ese desgraciado tomó mi vida, es la manera en que destrozó mis entrañas hasta que ya no quedara ni un aliento más dentro de mi cuerpo. Quiero avanzar para ver si se hace justicia por mí y por las otras que desaparecieron ese mismo día en que yo me fui, porque ahora puedo sentirlas.
El tiempo ha avanzado sin mí. Mi familia sigue buscándome, no sé si con la esperanza aun de encontrarme viva o sólo quieren encontrar mi cuerpo; para ser sincera siempre le dije a mi madre que si un día desaparecía no quería que me buscaran porque lo más probable es que me habían matado, no quería que vivieran el dolor que pasa una familia víctima de feminicidio. Pero ahora los veo sufrir por la espera y la incertidumbre. Los veo sufrir porque el chingado gobierno no ha hecho nada para buscarme, sólo fingen; también veo cómo los medios me venden frente a la pantalla como la culpable de mi propia desaparición, especulan que estaba metida en drogas, que andaba con alguna persona peligrosa. Escucho a las personas hablar, señalarme como una puta porque me habían visto salir vestida con “faldas cortas donde enseñaba hasta la cola”, también mencionan que “si bien que me gustaba la verga porque salía con uno y con otro”. En las redes sociales, tras publicar una noticia con el titular de mi desaparición hay muchos comentarios donde dicen que están exagerando y que me fui con el novio; igual no me bajan de puta y que lo más probable iba vestida de manera provocativa y eso fue el motivo o la invitación a que me robaran. No me sorprende ni me espanta que las cosas se estén dando de ese modo, fui testigo de otras desaparecidas y sé cómo funciona el patrón dentro de un país feminicida.
Quiero gritar y que todos sepan cómo me robaron la vida, quiero que sientan lo que es que te destrocen el alma y el cuerpo, quiero que sepan lo que es pasar tus últimos minutos de vida y cómo se va deteniendo poco a poco tu corazón. Ojalá que un día sientan lo que es que te ahorquen mientras te violan desenfrenadamente; que sientan cómo te desgarran los senos hasta que sangran irremediablemente por tanta violencia; cómo sangras por lugares que nunca creíste que lo harías. Que sientan el no poder gritar más porque el oxígeno se terminó en tus pulmones; que sientan lo que es que el maldito violador no se queda conforme y te cercena aun cuando tú sigues entreviendo tus últimos instantes. Sí, quiero que todos los que me lastimaron en vida y en muerte lo sientan y lo vivan; quiero que unas manos frías y sucias recorran su cuerpo, que la saliva del monstruo corra sobre su piel, que sus miembros queden destrozados y que los avienten en los lugares más desolados, recónditos y horribles que pueden existir; que su cuerpo cercenado termine en bolsas o costales en una barranca o en un terreno baldío.
Maldito gobierno, maldito sistema machista, maldito asesino y maldito todo aquel que no dudó en señalarme como la culpable de mi sufrimiento y mi muerte. Hoy que han pasado más de tres años que me fui para no volver, hoy que mi familia se encuentra destrozada como mi cuerpo quedó en aquel terreno; no queda duda que mi asesino sigue violando y matando a más mujeres, que su sed aumentó y cada día es más sádico en sus crímenes. Hoy han pasado tres años y sé que simplemente me quedé en una cifra más dentro de la lista.
Dafne O.