Estambul: Entre el Canto del Muecín y la Historia Viva
Entretenimiento. A 15 de junio, 2024. Damallanti Martínez
Turquía, un país musulmán con libertad de culto, destaca por la igualdad de género en el ámbito laboral y la libertad de las mujeres para elegir su vestimenta, incluso si desean usar el velo o no. Al recorrer las calles de Estambul, la primera muestra de estar en una ciudad musulmana no es la vestimenta de sus mujeres, sino el canto del muecín que llama a la oración desde el minarete.
Estambul alberga 2,562 mezquitas, y el muecín canta cinco veces al día, desde el amanecer hasta el último rayo de sol. Cada canto es único y, dada la proximidad entre las mezquitas, a menudo se escuchan varios a la vez, creando un conmovedor concierto que resuena en toda la ciudad, especialmente en el barrio antiguo de Sultanahmet.
Historia Viva en Sultanahmet
El concepto de «barrio antiguo» en Estambul tiene un significado especial. Capital del Imperio Romano en el siglo III, del Imperio Bizantino hasta 1453 y del Imperio Otomano desde 1453 hasta 1922, cuando comenzó la república, Estambul no se presenta como una escenografía del pasado. Los gloriosos palacios, mercados y mezquitas de los siglos III al XVIII siguen siendo el marco de la vida cotidiana de sus habitantes.
La Ciudad Entre Dos Continentes
El Bósforo, un canal azul, no solo divide a Estambul en dos, sino que marca el fin de Europa y el comienzo de Asia. Aquí, es posible tomar un café en Europa mirando hacia Asia. El Bósforo conecta el mar de Mármara, parte del Mediterráneo al sur, con el mar Negro al norte. En su dirección norte-sur, grandes buques cargueros navegan mientras un centenar de embarcaciones pequeñas y lanchas colectivas cruzan frenéticamente en sentido este-oeste, llevando locales y turistas de Asia a Europa. Tres puentes cruzan el Bósforo, pero el tránsito en Estambul es intenso, por lo que cruzar por agua es más práctico.
En el inicio del canal, junto al Mármara, un estuario con forma de cimitarra se adentra en tierra europea, conocido como el Cuerno de Oro. Sultanahmet se encuentra de un lado y el barrio de Karakoy y la torre Gálata del otro. Cruzar el puente a pie es un paseo imperdible, especialmente en primavera. En Karakoy, los puestos de comida callejera ofrecen deliciosos wraps de pescado frito y papas rellenas, ideales para disfrutar mientras se camina hacia la torre.
La Torre Gálata y Sus Alrededores
La torre Gálata, temporalmente cerrada para reforzar su estructura después del último terremoto, fue construida en 1348 por los genoveses. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 2013, fue el punto más alto de la ciudad durante siglos y un sitio estratégico para controlar el Cuerno de Oro y el Bósforo. Cerca se encuentra la calle peatonal Istiklal, con tiendas de ropa, heladerías, cafeterías, restaurantes y puestos de shawarma. Un antiguo tranvía rojo de un vagón recorre la calle, permitiendo a los visitantes subirse sin pagar boleto.
Sultanahmet: El Corazón Histórico de Estambul
El barrio de Sultanahmet, también declarado Patrimonio de la Humanidad, alberga la Mezquita Azul y Ayasofia, separadas por jardines. Ayasofia, traducida como Santa Sofía, no en honor a una santa cristiana, sino por la devoción al conocimiento, fue una catedral católica bizantina hasta 1453 cuando, tras el triunfo de los otomanos, se convirtió en mezquita. En su interior se pueden ver preciosos mosaicos bizantinos junto a construcciones otomanas como el mihrab y el minbar. Fue la catedral más grande de la cristiandad durante mil años y la mezquita más importante de Estambul por otros quinientos. Funcionó como museo desde 1935 hasta 2020 cuando volvió a ser un templo religioso.
Frente a Ayasofia, la belleza de la Mezquita Azul deja sin aliento. Construida en 1609, la luz natural que entra por más de doscientas ventanas pequeñas ilumina las cúpulas revestidas con más de 20,000 azulejos de cerámica hechos a mano, con más de cincuenta diseños diferentes de tulipanes, flores, frutas y cipreses. A diferencia de Occidente, donde las figuras humanas dominan los templos, en las mezquitas el arte sacro se expresa a través de la simetría, el diseño, la filigrana y el festival de colores que sacuden los sentidos.