Del romance al misterio la evolución de un popular juego de mesa
A 01 diciembre 2024. Lizeth Cuahutle
En sus inicios, la ouija este peculiar juego fue considerado un símbolo de romance y diversión. Durante la década de 1920, era común entre las parejas que buscaban una forma ingeniosa y coqueta de compartir tiempo juntos. Incluso el pintor Norman Rockwell capturó esta escena en una de sus obras, mostrando a dos jóvenes sentados rodilla con rodilla mientras usaban el tablero como excusa para acercarse.
Con el tiempo, su reputación romántica dio paso a un aura de misterio y temor. A finales de los años 60, influenciado por eventos sociales y culturales como los asesinatos de Manson y el auge de la Iglesia de Satán, este juego comenzó a asociarse con lo sobrenatural. Sin embargo, el cambio más radical ocurrió en 1973 con el estreno de «el exorcista». En esta película, una breve escena en la que una niña interactúa sola con el tablero marcó un punto de inflexión, sugiriendo que podía ser un canal para fuerzas oscuras.
A partir de ese momento, su presencia en películas de terror y la difusión de mitos alrededor de su uso solidificaron una reputación que aún perdura. Estudios científicos han demostrado que su funcionamiento no tiene nada de paranormal y que los movimientos se deben al fenómeno ideomotor, un efecto psicológico que provoca acciones inconscientes.
No obstante, el miedo colectivo sigue vigente. A menudo, personas que entienden esta explicación racional prefieren deshacerse del tablero por temor a lo desconocido. Hoy en día, sigue siendo una actividad popular en fiestas, especialmente entre adolescentes, quienes encuentran en él una mezcla de diversión e intriga que alimenta la imaginación.
De símbolo romántico a objeto de fascinación y controversia, este juego sigue despertando emociones encontradas, confirmando que su historia es tan peculiar como el interés que genera.
