La misteriosa lucidez antes de morir: cuando la mente despierta en el umbral de la vida

La misteriosa lucidez antes de morir: cuando la mente despierta en el umbral de la vida

 

a 18 mayo 2025. Lizeth Cuahutle

 

En los últimos momentos de vida, algunas personas gravemente enfermas, que han pasado semanas o incluso años desconectadas de la realidad debido a enfermedades como el Alzheimer, demencia o coma, sorprenden a sus familiares y médicos al mostrar una inesperada y momentánea claridad mental. Este fenómeno, conocido como lucidez terminal, está siendo cada vez más documentado por la ciencia y ha generado nuevas preguntas sobre la conciencia humana y el proceso de morir.

 

El filósofo y psicólogo austríaco Alexander Batthyány ha investigado más de 800 casos de lucidez terminal, recopilados en su reciente libro El umbral. El extraño fenómeno de la lucidez terminal, publicado por Errata Naturae. Su trabajo reúne testimonios de médicos, cuidadores y familiares que han presenciado cómo pacientes en estados muy avanzados de deterioro cognitivo recuperan por minutos o algunas horas la capacidad de hablar, reconocer rostros, despedirse e incluso reflexionar con profundidad, justo antes de fallecer.

 

 

 

Aunque el término “lucidez terminal” es reciente, su existencia no lo es. Ya en el siglo I a.C., el filósofo Cicerón mencionaba experiencias similares. Y en la medicina del siglo XIX, se registraron varios casos, como el que documentó el psiquiatra alemán Michael von Meduna en 1942, al observar la sorprendente recuperación de un paciente esquizofrénico horas antes de morir.

 

Hoy, gracias a los cuidados paliativos y a una mayor atención médica en la etapa final de la vida, se han podido registrar más casos con precisión. En un estudio de 227 episodios, se encontró que el 88% ocurrieron en las 48 horas previas a la muerte. Lo más impactante: varios pacientes llevaban años sin hablar o sin reconocer a sus seres queridos.

 

 

 

Existen varias teorías que intentan explicar este fenómeno. Una de ellas sugiere que, durante el proceso de muerte, el cerebro libera neurotransmisores como la dopamina o las endorfinas, lo que podría reactivar momentáneamente algunas funciones cerebrales. Otra hipótesis señala que ciertas áreas del cerebro, responsables de inhibir otras funciones, dejan de actuar al final de la vida, permitiendo una breve reactivación de capacidades mentales.

 

Sin embargo, ninguna de estas teorías explica del todo cómo es posible que pacientes con daños cerebrales severos recuperen habilidades tan complejas, aunque sea por un instante.

 

 

Algunos investigadores como Batthyány van más allá y proponen una visión menos tradicional: ¿Y si la conciencia no dependiera completamente del cerebro? Esta idea, aunque aún sin pruebas científicas aceptadas, invita a reflexionar sobre la posibilidad de que la mente pueda manifestarse incluso cuando el cuerpo ya está por colapsar.

 

La lucidez terminal no solo plantea retos científicos. También tiene implicaciones emocionales y éticas. Para muchos familiares, es una oportunidad de reconectar y despedirse. Pero también puede generar falsas esperanzas, al interpretarse como una posible recuperación. Por ello, los profesionales de la salud deben estar preparados para identificar este fenómeno y acompañar a los seres queridos en este momento tan delicado.

 

 

El autor concluye que la lucidez terminal podría ser vista como un “umbral” entre dos estados: la vida y la muerte. Aunque no se trata de una prueba de vida después de la muerte, sí invita a repensar lo que entendemos por mente, identidad y consciencia.

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