Murió Sebastião Salgado, el maestro del blanco y negro
Internacional. A 24 de mayo de 2025. Redacción
A los 81 años, nos ha dejado una de las miradas más poderosas y sensibles de nuestro tiempo: Sebastião Salgado. El fotoperiodista brasileño, cuya trayectoria artística y humanitaria es tan vasta como impactante, nos deja un legado que trasciende la imagen para convertirse en una profunda reflexión sobre la humanidad y nuestro planeta. Salgado no solo documentó, sino que, a través de su lente en blanco y negro, nos obligó a sentir, a cuestionar y, sobre todo, a ver.
La vida de Salgado es tan fascinante como su obra. Dejó atrás una prometedora carrera como economista en la década de 1970 para abrazar la fotografía, un giro que cambió no solo su destino, sino la forma en que millones de personas percibirían el mundo. Esta formación en economía le brindó una perspectiva única, una capacidad para analizar las estructuras sociales y económicas que subyacen en las realidades que capturaba. No era un mero observador; era un intérprete de las fuerzas que moldean nuestras vidas.
Si hay algo que define la obra de Salgado es su magistral uso del blanco y negro. Lejos de ser una limitación, esta elección estética se convirtió en su firma, una forma de despojar la realidad de distracciones y enfocar nuestra atención en la esencia pura de lo que fotografiaba.
Sus imágenes son monumentales, cargadas de una intensidad que parece emanar directamente del alma de sus sujetos, ya sean trabajadores incansables en «Trabajadores», migrantes en busca de esperanza en «Éxodos», o la majestuosa belleza de la Tierra en «Génesis».
Cada una de sus fotografías es una narrativa, un testimonio de la dignidad humana en las condiciones más adversas, de la fragilidad de la vida y de la sorprendente capacidad de resiliencia. Proyectos como «Sahel: El hombre en situación de desastre» no solo nos mostraron la hambruna, sino la inmensa fortaleza de quienes la padecían. Su reciente trabajo en «Amazônia» es un recordatorio poderoso de la urgencia de proteger este pulmón vital y a sus pueblos ancestrales.
El impacto de Salgado va mucho más allá de sus exposiciones y libros. Junto a su esposa, Lélia Wanick Salgado, fundó el Instituto Terra, una iniciativa dedicada a la reforestación y la restauración de la biodiversidad en Brasil. Este compromiso activo con el medio ambiente y las comunidades demuestra que su visión no se limitaba a documentar el sufrimiento, sino a ser parte de la solución.
Documentales como «La sal de la Tierra» nos permitieron asomarnos a la mente y el corazón de este gigante de la fotografía, revelando la profunda empatía y el agotamiento emocional que su trabajo le generó. Sebastián Salgado fue un fotógrafo que no solo miró, sino que sintió profundamente cada historia, cada rostro, cada paisaje que capturó.
Su partida es una pérdida para el mundo de la fotografía y para la conciencia global. Sin embargo, su obra permanece, un faro de luz que nos seguirá recordando la belleza, la resiliencia y la responsabilidad que compartimos como habitantes de este planeta. Su legado es un llamado constante a la reflexión y a la acción, a mirar más allá de la superficie y a reconocer la profunda interconexión de todas las cosas.
