El pulque la bebida de los dioses que sigue viva en Tlaxcala

El pulque la bebida de los dioses que sigue viva en Tlaxcala

 

Tlaxcala. Tlax ., a 26 julio 2025. Lizeth Cuahutle

 

El pulque, conocido como “la bebida de los dioses”, forma parte esencial de la identidad cultural tlaxcalteca. Esta bebida milenaria ha sido testigo de la historia del estado desde la época prehispánica, cuando su consumo estaba vinculado a rituales sagrados y era considerado un regalo de la tierra y los dioses.

 

 

El pulque tiene su origen en las culturas mesoamericanas. Para los pueblos nahuas y otomíes, el maguey no solo era una planta útil, sino también un símbolo sagrado. De él se extraía el aguamiel, que después fermentaba de forma natural para transformarse en pulque. En Tlaxcala, este conocimiento se transmitió por generaciones y se integró a la vida cotidiana de los pueblos.

 

Durante el periodo prehispánico, el pulque era exclusivo de los sacerdotes, ancianos y guerreros destacados. Su consumo estaba regulado y solo se permitía en momentos ceremoniales. Con la llegada de los españoles, su uso se expandió entre la población general y se convirtió en una bebida de consumo diario, sobre todo en las zonas rurales.

 

 

La elaboración del pulque comienza con el cultivo del maguey pulquero, una planta que requiere entre ocho y doce años para alcanzar su madurez. En este proceso, el maguey absorbe minerales del suelo volcánico, lo que influye en el sabor y calidad del aguamiel.

 

Cuando la planta está lista, se le raspa el centro para crear un hueco conocido como “cajete”. A partir de ese momento, comienza a brotar el aguamiel, un líquido espeso y dulce que se extrae dos veces al día con un acocote, una herramienta tradicional hecha del fruto seco de una planta. El acocote permite succionar el aguamiel sin contaminarlo.

 

 

El aguamiel recolectado se traslada a los tinacales espacios destinados a la fermentación donde se vierte en grandes barriles o tinajas. No se le añade ningún químico: todo el proceso es natural, guiado por la experiencia de los productores.

 

La fermentación dura entre 12 y 48 horas, dependiendo del clima y de la frescura del aguamiel. El resultado es el pulque, una bebida ligeramente espesa, con espuma en la superficie, y sabor entre ácido y dulce. Para muchos, el buen pulque se reconoce por su “pico”, es decir, su espuma viva y su aroma penetrante.

 

Además del pulque natural, existen los “curados”, una variedad en la que se mezcla pulque con frutas, avena, nueces o cacao. Estos sabores han ayudado a que nuevas generaciones se acerquen a esta bebida ancestral.

 

 

En comunidades como Nanacamilpa, Ixtacuixtla, Calpulalpan y Nopalucan, aún es posible encontrar productores que conservan las prácticas tradicionales. En sus tinacales, el pulque se cuida como un ser vivo. Y en sus hogares o pulquerías locales, se sirve acompañado de historias, refranes y costumbres que han sobrevivido al paso del tiempo.

 

Durante ferias regionales, el pulque es parte central de la gastronomía local. Se ofrece en jarros de barro, muchas veces junto a platillos típicos como barbacoa, tlacoyos o mixiotes.

 

 

En años recientes, ha crecido el interés por redescubrir el valor del pulque. Se han creado rutas del maguey, talleres para aprender a fermentar, y ferias dedicadas a esta bebida que forma parte del patrimonio tlaxcalteca. Algunos proyectos incluso buscan su embotellado sin perder su esencia artesanal.

 

El pulque no es solo una bebida: es parte de la historia viva de Tlaxcala, un vínculo entre generaciones y un testimonio de la riqueza cultural del estado.

 

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