El largo viaje de la lavanda: de hierba medicinal antigua a aliada contra superbacterias

El largo viaje de la lavanda: de hierba medicinal antigua a aliada contra superbacterias

 

05 octubre 2025. Lizeth Cuahutle

 

La lavanda, una de las plantas aromáticas más conocidas del mundo, ha recorrido un camino fascinante: de ser un recurso terapéutico en la Antigüedad a perfumar baños romanos y rituales medievales, hasta convertirse hoy en objeto de investigación científica como posible solución frente a bacterias resistentes a los antibióticos.

 

 

Los primeros testimonios de la lavanda en la medicina se remontan al mundo grecorromano. Teofrasto la mencionó en sus escritos y Dioscórides, en su célebre obra De Materia Medica, recomendaba su uso contra problemas respiratorios. Plinio el Viejo y Galeno también la describieron como eficaz frente a mordeduras, dolores estomacales y melancolía.

 

El Imperio romano popularizó la planta en Europa, utilizándola en los baños públicos por su aroma y por sus propiedades desinfectantes. Su nombre procede del latín lavare (“lavar”), lo que refleja su asociación con la higiene y la salud.

 

En la Edad Media, la lavanda fue común en rituales cristianos e islámicos de la península ibérica, donde se usaba incluso en prácticas funerarias gracias a su efecto antiséptico. Hildegarda de Bingen, mística y teóloga alemana, aseguraba que su aroma alejaba plagas y espíritus malignos.

 

Durante el Renacimiento, botánicos como John Gerard recomendaron su uso contra migrañas y dolencias cardíacas. También formaba parte de mezclas para la momificación en Italia, junto con hierbas como el romero o la salvia.

 

 

A pesar de su relevancia, rastrear la lavanda en contextos arqueológicos ha sido difícil debido a la fragilidad de sus flores y aceites. Sin embargo, un hallazgo en Chipre (1900–1850 a. C.) reveló restos químicos en un taller de esencias, lo que confirma que ya en la Edad del Bronce era empleada con fines aromáticos y medicinales.

 

 

En los últimos años, la ciencia ha retomado el legado de esta planta. El aceite esencial de lavanda (LEO) ha demostrado ser eficaz contra bacterias como Streptococcus pyogenes, Staphylococcus aureus (incluso cepas resistentes), Escherichia coli y Cutibacterium acnes. Aunque no actúa frente a la Pseudomonas aeruginosa, estudios recientes confirman que potencia la acción de antibióticos como la penicilina y la tetraciclina, aumentando su efectividad.

 

 

Hoy, la lavanda no solo se emplea en perfumería o medicina natural, sino que se exploran usos innovadores: conservación de alimentos, protección de cultivos, elaboración de textiles antimicrobianos e incluso apósitos para quemaduras que favorecen la regeneración de la piel.

 

 

De hierba medicinal descrita por Dioscórides a recurso biomédico frente a superbacterias, la lavanda ejemplifica cómo los saberes tradicionales pueden dialogar con la ciencia moderna. Su historia es prueba de que el pasado aún puede ofrecer respuestas a los grandes desafíos de salud del presente.

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