De puta madre
Pero qué necesidad
(Primera de dos partes)
Alberto Aguilar.
I
Extraño es que alguien sea mexicano y no sepa, al menos, una canción de las mil ochocientas que escribió el letrista nacido el siglo pasado en Parácuaro, Michoacán, y muerto —dicen que está— en el presente, Alberto Aguilera Valadez.
Reiterados han sido los reconocimientos verbales al hacedor de canciones Alberto Aguilera Valadez, así como a su intérprete Juan Gabriel en la República mexicana y fuera de ella. En su caso, se sabe que uno se alimenta del otro. El autor es una especie de hermano siamés pegado con el intérprete, de ello resulta una misma moneda con diferente cara, es el anverso y reverso en la escritura de la existencia humana. Y, para la trascendencia juangabrielística, el triduo inmortal: autor, compositor e intérprete en una sola persona.
En el espectro oceánico de las afirmaciones admirativas me quedo con el reconocimiento verbal que Luz Elena Ruiz Bejarano, conocida artísticamente como Lucha Villa, le hizo al autor e intérprete ante un público entregado:
“Quiero que me permitan decirles, decirle a él delante de ustedes, dos o tres cositas muy pequeñas, porque los cantantes no debemos de hablar cuando no tenemos las posibilidades de Juan, como él al componer. Yo soy una gente que para escribir o para hablar no soy muy dotada, pero sí sé sentir. Pensando en la importancia que Juan, Alberto —como ustedes lo quieran llamar—, ha tenido para nosotros, para nuestro estado, para nuestro país, como hombre de letras, como hombre importante, escribiendo y expresando la manera de sentir de un pueblo. Y porque trabajar quince años seguidos de constante labor, produciendo, haciendo feliz a la gente, disfrutando, haciéndola llorar, sentir, reír, y hacer colas en una taquilla por entrar para verlo a uno, eso no se logra todos los días. Entonces, esas son muchas razones, para mí, por las que estoy aquí hoy, por las que quiero estar siempre cerca de él. No solamente, como cantante, exigirle que cada día me escriba más y más porque lo necesito, sino para que como amiga, como mexicano, (como amiga yo de él, como mexicano él, es nuestro), nos siga dando las maravillas y las glorias que nos ha dado. Gracias, Juan”.
Alberto Aguilera Valadez, hombre de letras, intermitentemente taquillero, popular, proveedor y alquimista de los sentimientos amplios y profundos que nacen del humano, provocador de una inicial ambigüedad en su preferencia sexual a juzgar por sus movimientos eróticos, por su rictus amanerado, por nombrar a su público como “mis amores”, por su eje tonal suave a la hora de hablar, por ser simplemente “un muchacho diferente”; estas postales artísticas y otras que él por propia mano fue creando desde los veintiún años mediante fotografías, videograbaciones, manuscritos, confesiones y entrevistas, poco a poco nos llevaron a indagar en la historia de vida de ese mexicano que teniendo la orfandad y la pobreza como manubrio de conducción se autoimpuso la fama y la fortuna, la libertad y el capricho, la disciplina de la escritura y las inteligentes relaciones sociales, súmele ser impredecible e imprescindible en el mundo artístico.
Sin ganarle el entusiasmo, más bien con colmillo visionario fue Raúl Velasco quien defendió al artista quien desde un inicio se sinceró al confesar “No tengo dinero”, hablamos del mismo que era calificado como “afectado en sus modos y maneras en el escenario”; propuso el conductor del programa Siempre en Domingo un homenaje (que se antojaba exagerado en Televisa) a aquel que ya había demostrado que lo que escribía y cantaba, o que la letra de su autoría en voz de otros artistas, eran demostrado éxito
A propósito del Homenaje popurrí de Juan Gabriel al gran Luis Arcaraz, sostuvo Raúl Velasco: “Esta es su casa, porque esto lo ve el pueblo y el pueblo quiere a Juan Gabriel. Cuentas veces quiera, el tiempo que quiera es de Juan Gabriel. Un gran talento como él no tiene límite de tiempo. El día que usted se deje le vamos a hacer el homenaje que se merece Juan Gabriel con todos sus intérpretes. Es una deuda que tenemos con usted, un homenaje. Usted le pone fecha y se lo hacemos. ¡Gracias, gracias Juan Gabriel!. Nuestro cariño para este gran artista, Juan Gabriel!. ¡Aún hay más, amigos!”.
Ante los 25 años de trayectoria de Juan Gabriel, la Lotería Nacional de ningún modo omitió el recibimiento elogioso: “Estamos viendo a un hombre que en su trayectoria artística ha vendido más de 30 millones de copias de discos. Todos los tenemos en nuestras casas. Un hombre que ha realizado más y mejores obras de beneficencia, más que ninguno. Al hombre más querido. Al más admirado. ¡Juan Gabriel!”.
Dejarse arropar por la gente, recibir amor en sus ramificaciones de amistad, cariño, admiración, elogio, respeto, veneración, reverencia, atención, sonrisas, aplausos, cantos y todos los valores y emociones posibles, así fueran revueltas y cálidas, eran el alimento buscado por quien se ganó el distintivo de Divo de Juárez. No importa si en el revoltijo fuera Juan “Grabiel”, o “Juanga”, o si resultara por décadas el blanco de comediantes que imitaban y envidiaban esas formas explosivas de “mariconear” públicamente y además recibir un pago.
“Es un honor para los billeteros de ciudad Juárez estar presente en esta honorable institución Lotería Nacional. Señor director, muchas gracias por permitirme entregar este reconocimiento al señor Juan Grabiel, porque es una persona sumamente delicada en todos los aspectos, un señor cabal en toda la palabra y totalmente una persona de los más nobles que he conocido. Muchas gracias y un aplauso al señor Juan Grabiel”.
Admitimos también el juicio seco, mas no indiferente, del que ve en ese artista simplemente a alguien que fue talentoso e inteligente para expresar con un estilo genuino los más variados sentimientos con la magia de talentosísimos arreglistas que supieron dar composición y adornos memorables, musicales, a cada una de sus canciones.
No olvidamos aquí que ante las críticas simples de los detractores —esos que sólo encuentran rimas forzadas o ideas vanas que obligadamente hizo canción el Divo de Juárez muchas veces muchas—, hubo un académico mexicano de nombre Yuri R. Vargas que analizó lo producido por el letrista y dio apenas una muestra de lo que él califica como sólido y muy valioso desde la perspectiva literaria.
Mucho antes de eso, no han sido pocos los catedráticos que ante los reclamos por las notas bajas, por ellos asignadas, toman como fuente argumentativa, de la vida vital, las letras de Juan Gabriel, y preparan a los discípulos diciendo: “Como sostiene mi comadrita Juan Gabriel: pero qué necesidad / para qué tanto problema / no hay como la libertad de ser, de estar de ir / de amar, de hacer, de hablar / de andar así sin penas”.