Un estudio revela que la diversidad genética de los iberos en la Edad del Hierro se explica por las mujeres y su movilidad

Un estudio revela que la diversidad genética de los iberos en la Edad del Hierro se explica por las mujeres y su movilidad

 

A 15 noviembre 2025. Lizeth Cuahutle

 

Un equipo de investigación español ha logrado reconstruir, con una precisión inédita, el mosaico genético de las poblaciones iberas del nordeste peninsular durante la Edad del Hierro. El estudio, desarrollado en la Universitat Autònoma de Barcelona y publicado recientemente en Journal of Archaeological Science, demuestra que la diversidad genética de estos grupos no surgió de invasiones ni sustituciones masivas, sino del papel fundamental de las mujeres en la transmisión cultural y biológica.

 

 

Durante los siglos VIII a II a.C., los pueblos iberos como ausetanos, ilergetes, indiketes y layetanos— compartían rasgos culturales comunes, aunque con identidades políticas diferenciadas. Sin embargo, el análisis paleogenético reveló que, pese a esta variedad cultural, la diferenciación genética entre ellos fue mínima.

Los investigadores concluyen que existió una circulación constante de mujeres entre comunidades vecinas, lo que favoreció matrimonios exogámicos y mantuvo la cohesión biológica.

 

 

Uno de los hallazgos más reveladores es la continuidad genética desde la Edad del Bronce. Los haplogrupos mitocondriales más presentes H, J, K, HV0 y U ya se encontraban en la región siglos antes. Esta estabilidad indica que las generaciones iberas descendían, en gran medida, de líneas maternas locales que se mantuvieron sin grandes interrupciones demográficas.

 

 

El equipo obtuvo 21 secuencias mitocondriales completas de individuos iberos procedentes de yacimientos como Vilars, Ullastret o Castell de Besora. Estas muestras se compararon con perfiles anteriores y con restos humanos del Neolítico hasta época visigoda.

 

El ADN mitocondrial, transmitido exclusivamente por la madre y más resistente al paso del tiempo, permitió reconstruir genealogías femeninas y detectar patrones de movilidad. Los datos confirmaron un sistema patrilocal: las mujeres se trasladaban al asentamiento de sus parejas tras el matrimonio, lo que favorecía la diversidad genética interna sin romper la continuidad poblacional.

 

 

Aunque el núcleo genético se mantuvo estable, el estudio identificó linajes minoritarios provenientes del norte de África, Anatolia y el Cercano Oriente. Estos rastros sugieren contactos comerciales y culturales con fenicios y griegos, pero sin cambios drásticos en la composición genética local.

Se trató de aportaciones puntuales probablemente mujeres vinculadas al comercio marítimo que enriquecieron la diversidad sin transformarla.

 

 

El panorama que emerge es el de comunidades interconectadas, donde el comercio, los matrimonios y la residencia patrilocal tejieron una red social sólida. A pesar de sus diferencias políticas y lingüísticas, las tribus compartieron una base genética común que se mantuvo durante siglos.

 

El estudio redefine la comprensión de los iberos: no solo como un conjunto de culturas vibrantes del Mediterráneo occidental, sino como poblaciones cuya identidad se construyó a partir del equilibrio entre tradición local y apertura a nuevos contactos.

 

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