Caral, la civilización más antigua de América que colapsó por un cambio climático extremo
A 25 enero 2026. Internacional. Lizeth Cuahutle
En el norte de Perú, en el valle del río Supe, se desarrolló hace casi 5 mil años una de las civilizaciones más antiguas y complejas del continente americano: «Caral» considerada la primera gran civilización de América, su capital del mismo nombre es hoy uno de los yacimientos arqueológicos más extensos e importantes de la región, con 66 hectáreas de extensión.
La cultura Caral sustentó su desarrollo en una economía mixta de agricultura, pesca y comercio.
Sus pobladores aprovecharon los recursos del litoral del océano Pacífico, especialmente en el puerto de Supe, y establecieron redes de intercambio con comunidades de la sierra y la selva.
Desde el año 3000 a.C. comenzaron a surgir pequeños asentamientos que, con el tiempo, dieron lugar a sociedades más complejas. Entre 2700 y 2550 a.C., se consolidó la ciudad de Caral como un centro urbano de gran relevancia, cuya influencia se extendió a otros valles del norte y centro de Perú.
De acuerdo con los estudios arqueológicos, los Caral fueron una sociedad avanzada que desarrolló importantes conocimientos científicos, tecnológicos y arquitectónicos, los cuales influyeron en culturas posteriores de los Andes. A diferencia de otras civilizaciones antiguas, no construyeron murallas ni fabricaron armas, lo que sugiere una organización social basada más en la cooperación que en la guerra.
Entre los hallazgos destacan objetos procedentes de regiones lejanas, como el molusco Spondylus del actual Ecuador y minerales provenientes de Bolivia, evidencia de una extensa red de intercambios. También se han identificado prácticas funerarias similares a las de la cultura Chinchorro, en Chile, lo que confirma contactos culturales a larga distancia.
Caral se distingue por su arquitectura monumental, compuesta por plataformas escalonadas, plazas circulares hundidas, pirámides con escaleras centrales y altares con fuego ritual. En el sitio se conservan seis grandes pirámides, orientadas astronómicamente hacia determinadas estrellas, lo que refleja un profundo conocimiento del entorno natural y celeste.
Los edificios fueron construidos con piedra y madera, utilizando técnicas antisísmicas que les permitieron resistir movimientos telúricos. Las plazas circulares y los altares sugieren que Caral fue también un importante centro ceremonial y religioso.
A pesar de su desarrollo y de su relación armónica con el medio ambiente, la cultura Caral colapsó alrededor del 1900 a.C. Las investigaciones indican que un intenso cambio climático provocó una crisis irreversible: sequías prolongadas, terremotos y lluvias torrenciales transformaron el fértil valle de Supe en un paisaje árido cubierto de arena.
El río se secó, los campos agrícolas dejaron de ser productivos y las hambrunas obligaron a la población a abandonar progresivamente los centros urbanos. Hasta hoy, se desconoce el destino final de los habitantes de Caral.
Para los arqueólogos, el estudio de Caral es fundamental para comprender el origen de la civilización en América y los efectos del cambio climático en las sociedades antiguas. Su historia demuestra que incluso las culturas más avanzadas pueden desaparecer ante transformaciones ambientales extremas.