Concordia: La «sucursal» de Marte en la Antártida que guarda el pasado del mundo
15 de febrero de 2026. Internacional. Redacción
En el corazón de la meseta antártica oriental, a una altitud de 3.233 metros, se alza la Base Concordia, el puesto de avanzada más extremo de la humanidad. Operada conjuntamente por Francia e Italia, esta estación científica se ha consolidado como el laboratorio terrestre más parecido a una colonia espacial debido a su aislamiento absoluto y a las condiciones climáticas letales que imperan en la zona.
A diferencia de otras bases costeras, Concordia se ubica a más de 1.000 kilómetros de la civilización más cercana. El entorno es biológicamente nulo: no existe fauna ni vegetación, la humedad es cercana al 0% y las temperaturas pueden descender hasta los –84 °C. Durante el invierno polar, el sol desaparece por completo durante más de 100 días, dejando a una reducida dotación de científicos sumergida en la oscuridad total y el silencio absoluto.
El valor científico estratégico de la base radica en lo que yace bajo sus cimientos. Mediante perforaciones profundas en el hielo, los investigadores han logrado recuperar burbujas de aire atrapadas hace 800.000 años. Estas muestras funcionan como auténticas cápsulas de tiempo que permiten analizar la atmósfera terrestre de eras glaciares pasadas, siendo una pieza clave y definitiva para comprender la evolución del cambio climático actual.
Además de su valor geológico, la Agencia Espacial Europea (ESA) utiliza la base como un centro de entrenamiento para Marte. Debido a la hipoxia provocada por la altitud y al confinamiento extremo, se estudia el comportamiento psicológico de la tripulación.
Durante los meses de invierno, la evacuación es físicamente imposible, lo que obliga a las 15 personas del equipo a sobrevivir de forma autónoma en una burbuja tecnológica rodeada por el desierto más hostil del planeta.